Trump declara emergencia nacional y amenaza con aranceles a países que suministren petróleo a Cuba

Washington, 29 de enero.- El presidente de Estados Unidos, Donald J. Trump, firmó este jueves una orden ejecutiva que declara una emergencia nacional respecto a Cuba y establece un nuevo esquema de aranceles punitivos contra cualquier país que venda o proporcione petróleo a la isla, como parte de una estrategia para presionar económicamente al régimen cubano.

La medida permite al gobierno estadounidense imponer tarifas adicionales a las importaciones provenientes de países que, directa o indirectamente, suministren crudo a Cuba, utilizando el comercio internacional como herramienta de presión política y de seguridad nacional.

El eje central de la orden ejecutiva es la creación de un sistema arancelario discrecional, mediante el cual Estados Unidos podrá castigar comercialmente a terceros países que mantengan vínculos energéticos con Cuba.

De acuerdo con el documento oficial:
• Washington podrá incrementar aranceles a bienes importados desde países que provean petróleo a Cuba, aun cuando dichas naciones no tengan conflictos directos con Estados Unidos.
• La Secretaría de Estado y la Secretaría de Comercio quedan facultadas para definir qué países serán sujetos a estas tarifas, así como el alcance y magnitud de las mismas.
• Los aranceles podrán ajustarse, ampliarse o retirarse si los países involucrados modifican su conducta o si el gobierno cubano adopta medidas que, a juicio de EE. UU., reduzcan la amenaza a su seguridad nacional.

Con ello, la administración Trump amplía el uso de los aranceles más allá de disputas comerciales, transformándolos en una herramienta de coerción geopolítica.

La Casa Blanca argumenta que la imposición de aranceles busca asfixiar una de las principales fuentes de supervivencia económica del gobierno cubano: el suministro de petróleo.

Cuba depende casi por completo de importaciones de crudo para sostener su sistema eléctrico, transporte y producción industrial.

Al penalizar a los países que abastecen a la isla, Estados Unidos eleva el costo económico y político de mantener relaciones energéticas con La Habana, desincentivando esos acuerdos.

En términos prácticos, la estrategia busca que los países exportadores enfrenten un dilema:
continuar suministrando petróleo a Cuba o mantener un acceso sin penalizaciones al mercado estadounidense.

El presidente Trump sostuvo que las acciones del gobierno cubano representan una “amenaza inusual y extraordinaria” para la seguridad nacional y la política exterior de Estados Unidos, argumento que sustenta legalmente la imposición de aranceles bajo un esquema de emergencia nacional.

Entre las razones expuestas por la Casa Blanca se incluyen:
• La colaboración de Cuba con actores y gobiernos considerados hostiles a Estados Unidos.
• El presunto alojamiento de infraestructura de inteligencia extranjera en la isla.
• El señalamiento de que Cuba brinda refugio a organizaciones calificadas por Washington como terroristas.
• Violaciones sistemáticas a los derechos humanos y represión política interna.

Bajo este marco, los aranceles son presentados como una respuesta legítima y necesaria para proteger los intereses estadounidenses.

Aunque la orden ejecutiva no menciona países específicos, su alcance es amplio y genera incertidumbre entre naciones que mantienen intercambios energéticos con Cuba, ya que cualquier relación petrolera podría traducirse en sanciones comerciales indirectas.

Expertos advierten que esta política podría:
• Provocar tensiones diplomáticas y comerciales con socios estratégicos de Estados Unidos.
• Alterar flujos comerciales y cadenas de suministro.
• Convertir al comercio en un terreno de presión política más agresivo.

La imposición de aranceles se inscribe en la estrategia de “Estados Unidos primero” que Trump ha impulsado desde su primer mandato, utilizando el peso del mercado estadounidense para forzar cambios de conducta en gobiernos extranjeros.

El presidente aseguró que su administración continuará tomando medidas firmes contra regímenes que, a su juicio, amenacen la seguridad y los intereses de Estados Unidos, reiterando que los aranceles seguirán siendo una de sus principales herramientas de presión internacional.