México, 10 de febrero.- La reapertura y operación de un salón de belleza dentro del Senado de la República desató una nueva controversia legislativa, luego de que circulara un video donde aparece la senadora del Partido Verde Ecologista de México (PVEM), Juanita Guerra Mena, pintándose el cabello durante una jornada de trabajo.
Más allá del servicio en sí, el episodio dejó al descubierto la ausencia de respaldo y solidaridad entre las propias senadoras, incluso entre quienes —según la legisladora— habrían impulsado o utilizado el mismo espacio.
En entrevista con medios, sollozando Guerra Mena confirmó haber acudido al salón el pasado 4 de febrero y aseguró que pagó 500 pesos por el servicio, el cual, dijo, corresponde a una tarifa establecida.
Afirmó que su estancia fue de apenas 20 minutos y sostuvo que no incurrió en ninguna falta, al tiempo que pidió que se revisen las cámaras de seguridad para demostrar que trabajó el resto del día en el recinto legislativo.
“No me parece poco ni mucho, es lo que me cobraron. Yo hablo con la verdad”, señaló la senadora, quien insistió en que no fue un privilegio ni un servicio gratuito, y que su asistencia se dio tras una invitación hecha desde hace aproximadamente un año.
Uno de los puntos más sensibles del caso fue cuando la legisladora aseguró que la invitación al salón provino de senadoras de otros grupos parlamentarios, particularmente de Morena, aunque evitó dar nombres y pidió que sean las propias coordinaciones quienes aclaren quién autorizó la instalación del servicio, quién fijó las tarifas y quién llevó al personal que lo opera.
Pese a ello, Guerra Mena lamentó que ninguna de las senadoras involucradas haya salido públicamente a respaldarla o siquiera a aclarar los hechos, lo que calificó como una falta de sororidad.
“Me ha dado mucha tristeza que en lugar de tener solidaridad, ni siquiera una pregunta me hayan hecho. No han salido a decir quiénes fuimos invitadas ni quién lo organizó”, expresó.
La legisladora fue más allá y acusó que quienes hoy guardan silencio o se deslindan son las mismas que conocían y utilizaron el lugar, pero que ahora niegan su existencia, dejándola sola frente al escándalo mediático.
Durante su intervención, Guerra Mena también vinculó la difusión del video con una campaña de hostigamiento en su contra, derivada —según dijo— de sus denuncias contra autoridades municipales y estatales en Morelos por presuntos actos de corrupción, extorsión y violencia.
Aseguró haber sido amenazada y víctima de agresiones, hechos que dijo haber denunciado ante la Fiscalía General de la República y autoridades estatales. Incluso afirmó que no cree en las casualidades y que la grabación forma parte de una estrategia para desacreditarla.
“No es justo que utilicen una imagen para denostar mi trabajo. Yo siempre he dado la cara”, subrayó.
Como muestra de congruencia, la senadora afirmó que solicitó a la Mesa Directiva que, si se considera que cometió una falta, se le descuente el día completo de dieta, aunque reiteró que la ley no contempla sanciones por minutos u horas.
Sin embargo, insistió en que el tema central no debería ser su imagen personal, sino la falta de transparencia en la autorización del servicio y el silencio de quienes participaron.
El caso del salón de belleza no solo abrió un debate sobre el uso de instalaciones del Senado, sino que también evidenció fracturas internas entre legisladoras, particularmente en materia de respaldo político y solidaridad de género.
“Mis compañeras no han sido solidarias. Quienes gritaron, quienes señalaron, no han dado la cara”, reclamó Guerra Mena.











