Alertan por “atención fragmentada” en estudiantes debido al uso excesivo de pantallas

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México, 10 de agosto.- La expansión de las plataformas digitales y el uso constante de dispositivos electrónicos están modificando no sólo las herramientas con las que aprenden niñas, niños y adolescentes, sino también la manera en que procesan la información, mantienen la atención y construyen conocimiento, advirtió Yareni Annalie Domínguez Delgado, pedagoga, docente e investigadora educativa de la UNAM.

Durante la conferencia presidencial, la especialista sostuvo que uno de los principales desafíos de la educación actual es el desplazamiento de la atención profunda y sostenida por una dinámica de “atención fragmentada”, impulsada por las pantallas, las notificaciones y los algoritmos diseñados para mantener a los usuarios conectados.

“Lo que está cambiando no solamente es la tecnología que usamos ahora para aprender, sino también esta manera en la que aprendemos”, explicó.

Domínguez Delgado señaló que la llamada inmediatez digital está modificando el ritmo con el que los estudiantes se relacionan con el conocimiento. 

Frente a la posibilidad de obtener prácticamente cualquier respuesta de manera instantánea, explicó, se reduce el espacio necesario para detenerse, procesar, relacionar, cuestionar, contrastar y evaluar la información.

De esta manera, indicó, se transita de un pensamiento crítico que requiere tiempo y reflexión hacia una atención que salta rápidamente entre múltiples estímulos.

La especialista consideró especialmente relevante que este fenómeno también puede afectar la tolerancia a la frustración. Cuando los estudiantes están acostumbrados a obtener contenidos de manera inmediata, explicó, disminuye su disposición para enfrentar aquellos momentos de espera, dificultad o incertidumbre que son indispensables para construir conocimiento.

Por ello, sostuvo que la escuela no debe competir con la velocidad de las pantallas, sino convertirse precisamente en el espacio donde niñas, niños y adolescentes puedan recuperar la pausa, la escucha, el diálogo y la reflexión.

“Aprender no siempre requiere más estímulos, a veces requiere ponernos a pensar, detenernos y sobre todo vincularnos”, planteó.

La investigadora de la UNAM propuso que el sistema educativo deje atrás una visión de la competencia digital limitada al manejo técnico de dispositivos y avance hacia una competencia mediática crítica, que permita a los estudiantes desarrollar autonomía, capacidad de decisión y criterio propio frente a los contenidos que consumen.

Esto implica, explicó, que los alumnos no sólo sepan utilizar una plataforma, sino que puedan preguntarse quién produce la información, con qué propósito, qué sesgos contiene y cómo los algoritmos pueden influir en aquello que ven.

Domínguez Delgado también llamó a observar lo que ocurre “detrás de las pantallas”. Advirtió que las relaciones sociales están cada vez más mediadas por sistemas digitales que priorizan los datos, la velocidad y la eficiencia, mientras que los adolescentes pueden tener dificultades para identificar quién está realmente detrás de determinados perfiles y comunidades virtuales.

Otro de los riesgos, agregó, está relacionado con las dinámicas de las propias plataformas, como el “scroll infinito” y los mecanismos diseñados para mantener la atención del usuario, los cuales pueden terminar trasladando su lógica al espacio educativo.

Ante este panorama, planteó que las escuelas deben rediseñar sus espacios para garantizar condiciones que permitan la escucha atenta, el tiempo de espera, la pausa y el cuidado de los vínculos humanos.

Su propuesta se articula en tres conceptos: resistencia, cuidado y comunidad.

La resistencia, explicó, significa recuperar espacios físicos y tiempos para el diálogo, la reflexión profunda y el encuentro intergeneracional frente a la lógica de la inmediatez. El cuidado implica formar ciudadanos capaces de evaluar críticamente lo que encuentran en internet, enfrentar la desinformación, identificar sesgos y reconocer las brechas existentes. La comunidad, por su parte, busca reconstruir el tejido social desde la escuela.

En este sentido, la especialista de la UNAM sostuvo que el reto educativo no consiste simplemente en eliminar los dispositivos, sino en recuperar la soberanía sobre la atención.

“No buscamos únicamente apagar pantallas”, afirmó, sino recuperar los vínculos, los espacios y la presencia humana que permiten que ocurra el aprendizaje.

La pedagoga consideró que la tecnología puede amplificar las capacidades educativas, pero no debe sustituir el pensamiento crítico ni la interacción humana. La transformación, sostuvo, depende de una pedagogía basada en la justicia social, el cuidado y la construcción de comunidad.

Su planteamiento coincidió con la experiencia expuesta por la maestra Sandra Ortega Rivero, quien tiene casi 30 años frente a grupo y señaló que ha observado estudiantes con menor concentración, cansancio y menor tolerancia a la frustración debido al uso excesivo de pantallas.

El secretario de Educación Pública, Mario Delgado, respaldó esta preocupación y señaló que los docentes enfrentan actualmente la tarea de sostener la atención de los alumnos en aulas atravesadas por la hiperconectividad.