Madrid, 11 de marzo de 2019.- Tan solo han pasado 284 días desde que Zinedine Zidane apareció al lado de un compungido Florentino Pérez para anunciar que dejaba de ser entrenador del Real Madrid. Poco más de nueve meses, pero que han parecido una eternidad, por los que han pasado dos entrenadores y muchas derrotas, algo inadmisible en el club más ganador.
Zidane vuelve, y lo hace ya, firma para lo que resta de temporada y las tres próximas. El entrenador que dio las tres últimas Champions regresa en medio de la mayor crisis deportiva en 13 años y con un puñado de partidos aparentemente poco trascendentes por jugar. “Vuelvo porque el presidente me llamó. Y como quiero mucho a este club, aquí estoy. No podía decir que no”, dijo en su primera comparecencia, después de que Pérez lo presentase.
La decisión pilló por sorpresa a todo el mundo. Igual de llamativa fue su dimisión el pasado 31 de mayo, cuando aún sonaban los fastos de la Decimotercera, lograda en Kiev cinco días antes. En su momento no dio muchas explicaciones. “Tenemos que cambiar cosas para los próximos años”, reconoció Zizou ayer, a la vez que admitió que no olvida las cosas que se hicieron “mal” la última temporada.
El regreso del hombre de las tres Champions seguidas, del que no sabe qué es perder en Europa, es un bálsamo en un club que la semana pasada salió por la puerta de atrás de su competición fetiche con una derrota humillante e inesperada ante el Ajax (1-4). Tan solo tres días antes se despidió de la Liga tras caer ante el Barça (0-1) y poco antes dijo adiós a la Copa del Rey con otro batacazo contra el eterno rival (0-3).
La semana más trágica de la historia reciente del madridismo fue demasiado para Santiago Solari, el entrenador que había asumido el cargo en octubre sustituyendo a un Julen Lopetegui que nunca encontró el pulso al equipo. Este lunes el club se limitaba a agradecer el trabajo realizado al técnico argentino, que acudió el domingo a Valladolid prácticamente con el cartel de despedido.
Tras días de rumores y un carrusel continuo de nombres, entre los que destacaba el de otro ilustre ex, José Mourinho, la recontratación de Zidane viene avalada por los innegables éxitos deportivos. Cuando el francés apareció junto a toda su familia en enero de 2016, el Madrid vivía otra época convulsa. Rafa Benítez acababa de ser despedido y el público del Bernabéu empezaba a volverse contra el palco. Por entonces el francés llevaba las riendas del Castilla, el filial blanco, sin ocultar sus deseos de sentarse en el banquillo del primer equipo en cuanto Pérez se lo pidiese.
El escaso bagaje como entrenador no impidió a Zizou ganarse a una plantilla abundante y talentosa, pero que nunca tuvo conexión con Benítez. Aquel curso, un Madrid casi desahuciado en Liga se quedó a un punto de ganarla y se llevó la Champions en Milán contra el Atlético. Llegar y besar el santo para un entrenador novato, que la temporada siguiente dobló el botín: Liga y Champions, un hito que hacía 59 años que no se veía por Chamartín.
Su tercera temporada no fue tan dulce, el equipo se desenganchó muy pronto en liga y se la pegó en Copa contra el modesto Leganés, el peor momento del entrenador en el banquillo, como él mismo reconoció. Ni el logro de su tercera Orejona valió para que el mito se sintiese con fuerzas para seguir.
La segunda era de Zidane en el Madrid se inicia en tiempos extraños. Con el club revuelto y un presidente cuestionado en la grada y en el vestuario, puede que el regreso del ídolo calme las aguas en el Bernabéu, que anda con marejada desde que el francés se despidió. “Uno de los mayores disgustos de mi vida”, dijo Florentino Pérez ese 31 de mayo. Desde entonces todo ha ido mal en la casa blanca. (Con Información de El País)







