México, 28 de enero.- Senadoras del PRI señalaron que el accidente del Tren Interoceánico no fue un hecho aislado ni culpa del conductor, sino el resultado de fallas graves en su diseño y construcción, documentadas desde hace tiempo por la Auditoría Superior de la Federación (ASF).
En un post en sus redes sociales, Carolina Viggiano, senadora y secretaria general del PRI, aseguró que atribuir la responsabilidad al operador es un intento de crear un “chivo expiatorio” para eximir de responsabilidad a los involucrados en la obra, a quienes se refirió como “amigos de los hijos de AMLO”.
Según Viggiano, dichas fallas habían sido señaladas previamente en llamadas y advertencias: “cuando se descarrile [el tren], ya será otro asunto”, aseguró.
La legisladora destacó que las observaciones de la ASF señalaban irregularidades en los rieles, el balasto, los vagones y la infraestructura general, muchas de las cuales no fueron subsanadas.
“Todas las obras de infraestructura de este gobierno tienen observaciones, sobreprecios y ninguna funciona”, añadió.
En el mismo sentido, Claudia Anaya, senadora del PRI, detalló que el dictamen de la ASF identificó problemas concretos como la colocación de vías de calibre distinto al del tren, el uso de durmientes heterogéneos e incompatibles con el balasto instalado y pagos por obras no ejecutadas.
Anaya insistió en la necesidad de un peritaje externo para determinar responsabilidades técnicas, similar al que se realizó tras los fallos en la Línea 12 del Metro.
“México tiene las instituciones y los profesionales necesarios para hacer sus obras, revisiones y fiscalizaciones”, dijo Anaya.
Sin embargo, apuntó que la intervención política en instancias como la Fiscalía General de la República (FGR) y la falta de organismos autónomos independientes han generado que decisiones técnicas terminen condicionadas por afinidades políticas: “ya no tenemos una Fiscalía independiente y todo el poder está en manos de un solo grupo político”.
Las senadoras del PRI coincidieron en que el accidente no solo refleja fallas técnicas, sino también un patrón de gestión de infraestructura marcada por la opacidad, la ausencia de supervisión adecuada y la politización de los procesos de rendición de cuentas.
Su llamado es claro: no basta con responsabilizar al conductor, sino que se requiere esclarecer el diseño, la construcción y la supervisión de la obra.











