Claudia Sheinbaum defiende la mañanera ante “fake news” y acusa campañas desde el extranjero

México, 6 de mayo.- En medio de lo que calificó como una escalada de “fake news” y campañas de desprestigio, la presidenta Claudia Sheinbaum defendió la vigencia de las conferencias matutinas como un mecanismo central para informar, debatir y contrarrestar narrativas adversas.

“Si no existiera la mañanera, no podríamos estar diciendo de dónde viene todo esto”, sostuvo, al tiempo que reivindicó este espacio como una vía directa de comunicación con la ciudadanía y una herramienta para transparentar el origen de señalamientos contra su gobierno.

La mandataria afirmó que existe una campaña sistemática de desinformación —“mentira tras mentira, fake news promovida a la décima potencia”—, pero aseguró que estos intentos no han erosionado el respaldo social a su administración. 

Atribuyó esta resistencia a lo que definió como un “pueblo consciente” y a la cercanía permanente de su gobierno con la gente.

En esa línea, Sheinbaum retomó los principios que, dijo, rigen a los gobiernos de la llamada Cuarta Transformación: “no robar, no mentir y no traicionar al pueblo”, y subrayó que la clave para sostenerse políticamente radica en no romper el vínculo con la ciudadanía. “Mientras sigamos cerca del pueblo, no nos van a hacer nada”, enfatizó.

Además, elevó el tono al sugerir la posible existencia de estructuras organizadas para impulsar “campañas sucias” desde el extranjero. Mencionó, sin ofrecer detalles, la hipótesis de una operación montada “en Honduras, con recursos de un pueblo amigo, a través de su gobierno”. 

No obstante, aseguró que ese tipo de acciones no tendrá impacto duradero en su administración.

“Puede haber días de confusión, pero si nos mantenemos con nuestros principios y dentro del marco de la Constitución y la soberanía, nadie va a afectar el proyecto de transformación”, afirmó.

La presidenta cerró su posicionamiento con un mensaje de certidumbre política: pese a las campañas en su contra, el gobierno —dijo— se mantiene firme por su legitimidad social y su “autoridad moral”, un concepto que colocó como el principal activo frente a la disputa narrativa.