México, 5 de octubre.- La presidenta Claudia Sheinbaum advirtió que sectores de la derecha internacional buscan intervenir en la política mexicana y promover un cambio de gobierno rumbo a las elecciones presidenciales de 2030, aunque aclaró que no atribuye directamente esa intención al presidente de Estados Unidos, Donald Trump, a propósito de los resultados de la primera vuelta de la elección presidencial en Brasil.
Al ser cuestionada sobre el riesgo de una eventual intervención estadounidense en los comicios mexicanos, a partir de señalamientos similares realizados en otros países de América Latina, Sheinbaum sostuvo que existen grupos identificados con posiciones de extrema derecha dentro del gobierno estadounidense que, a su juicio, no quieren a México ni a sus pueblos y pretenden modificar el rumbo político del país.
“Hay grupos muy de derecha en ese gobierno que no quieren a México y que no quieren a los pueblos y que buscan que cambie el gobierno en México”, afirmó.
La mandataria subrayó, sin embargo, que no necesariamente se refiere al presidente Trump y sostuvo que la principal defensa de México frente a cualquier intento de injerencia es mantener el respaldo popular.
“Por eso aquí la única defensa es el pueblo”, señaló, al tiempo que llamó a continuar difundiendo los resultados y beneficios de la llamada Cuarta Transformación y a mantener una actuación responsable desde el gobierno.
Sheinbaum también aprovechó el cuestionamiento para fijar su postura frente a la derecha política en México.
La definió como una ideología que, según su interpretación, no defiende los intereses de la mayoría, sino que protege intereses económicos y promueve la supremacía de unos sectores sobre otros.
Afirmó que esta corriente fomenta el racismo y el clasismo y responsabiliza a los individuos de su situación económica, en lugar de reconocer las condiciones estructurales que generan pobreza y desigualdad.
También acusó a la derecha de promover el autoritarismo y de estar en contra de la democracia, además de plantear la educación y la salud como privilegios o mercancías, y no como derechos de la población.
La presidenta vinculó esa visión con distintos episodios de la historia nacional, al establecer paralelismos con los sectores conservadores del siglo XIX, el Porfiriato y políticas asociadas con el autoritarismo, la guerra contra el narcotráfico y la reducción de derechos sociales.
Frente a esa postura, Sheinbaum evitó definirse simplemente como integrante de la izquierda y afirmó que el movimiento que encabeza se asume como “humanista” y mexicano.
Explicó que el modelo político, económico y social de su gobierno se inspira en la historia nacional, desde las culturas y civilizaciones indígenas hasta las distintas transformaciones políticas encabezadas por héroes y heroínas de México.
La mandataria sostuvo que la continuidad del proyecto depende de mantener cercanía con la población, evitar actos de soberbia y combatir la corrupción.
“No traicionar al pueblo”, resumió, al considerar que esos principios son indispensables para conservar la confianza ciudadana y mantener unido al movimiento que gobierna el país.
En este contexto, la elección presidencial de 2030 aparece como un horizonte político en el que, de acuerdo con Sheinbaum, México deberá preservar su soberanía y evitar que intereses externos influyan en la decisión de los ciudadanos.











