Entre barbacoa, escamoles y política: Higinio Martínez lleva un pedazo de Texcoco al Senado

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México, 14 de septiembre.- Por un momento, el Senado dejó de parecer Senado. No hubo discursos, votaciones ni debates sobre reformas. 

Tampoco corrieron los reporteros detrás de algún legislador para conseguir una declaración de última hora. 

Esta vez, la noticia estaba servida en la mesa: barbacoa, consomé, escamoles, gusanos de maguey, chicharrón, nopales compuestos, tortillas azules, aguacate y dos salsas, una roja y otra verde.

El anfitrión fue Higinio Martínez, presidente del Senado, quien decidió armar un convite para los reporteros que cubren la fuente y llevar hasta la capital una parte de Texcoco, su tierra de origen. 

La barbacoa llegó desde el puesto número 10 del mercado municipal, un lugar que para el senador no es simplemente un sitio donde se come, sino parte de sus recuerdos de infancia.

Entre tacos y cucharadas de consomé, Martínez se convirtió en una especie de guía gastronómico de su pueblo. 

Habló de la barbacoa como quien habla de una tradición familiar que lleva toda una vida acompañándolo. 

Dijo que tiene alrededor de 62 años comiéndola y defendió, con el entusiasmo de quien está frente a uno de sus platillos favoritos, que la barbacoa no necesariamente tiene que ser enemiga del colesterol.

La conversación se fue hasta aquellos años en que, siendo niño, ayudaba a sus tíos a vender barbacoa en el mercado. 

Entonces, recordó, era prácticamente el único lugar donde se encontraba y él acudía para ganarse “un centavo”. 

Hoy, seis décadas después, la tradición permanece, aunque la barbacoa se haya multiplicado por las casas y negocios de Texcoco.

Martínez explicó que la diferencia está en el horno y en el proceso. 

En Texcoco, contó, se utiliza un horno de tabique construido hacia arriba, a diferencia de la preparación bajo tierra característica de otras regiones, como Hidalgo. 

Se enciende con leña durante varias horas; después se retira el carbón, se introduce la carne y el cazo para el consomé, se tapa el horno y comienza una larga espera.

No es cuestión de prisas. La preparación puede llevar hasta 14 horas.

Mientras hablaba, los reporteros ya tenían enfrente la prueba de sus palabras. Sobre la mesa aparecían los escamoles, esos pequeños manjares que para algunos son una exquisitez y para otros un desafío gastronómico. 

Martínez tomó algunos y comenzó a servirlos personalmente.

No se limitó a invitar. 

Quiso comprobar que los comensales realmente se animaran.

— ¡Pero pónganles salsa, lo quiero ver comer! —soltó entre risas a algunos reporteros.

La frase desató las bromas y convirtió la comida en una pequeña competencia. 

Más que presidente del Senado, por unos minutos Martínez parecía anfitrión de una comida familiar, pendiente de que a nadie le faltara taco y, sobre todo, de que nadie se hiciera el desentendido frente a los escamoles.

“¿Quién dijo yo?”, preguntó mientras ofrecía otro taco.

Una mano se levantó.

— Yo, presidente.

— Vas —respondió Martínez.

Y nuevamente apareció la salsa.

“Póngale salsa”, insistía, como si aquella fuera la condición para aprobar el examen texcocano.

El senador incluso tomó el teléfono de alguno de los presentes para grabar el momento. Quería dejar constancia de que los periodistas no sólo habían aceptado la invitación, sino que también estaban dispuestos a probar lo que les habían servido.

En medio del bullicio, alguien le pidió que él también comiera. Martínez no se hizo a un lado. Al contrario, explicó que en su vida siempre le ha tocado servir.

“Siempre me ha tocado servir”, dijo.

La frase, dicha en medio de una convivencia gastronómica, adquirió un tono particular. El político que preside una de las cámaras del Congreso estaba ahí, de pie junto a la mesa, repartiendo tacos y acercando platos, como si estuviera nuevamente en Texcoco, entre familiares, amigos y paisanos.

La política quedó por un momento en segundo plano.

Había, eso sí, preguntas y micrófonos. Todo podía convertirse en nota. 

De hecho, el propio senador lo reconoció con humor cuando alguien le hizo notar que ya lo estaban grabando.

“Todo es nota”, comentó.

Y así fue.

Porque en aquella comida no sólo se habló de barbacoa. También apareció la identidad de un político que quiso mostrar de dónde viene y cuáles son los sabores que lo acompañan desde hace décadas.

Martínez no quiso decir cuál es la mejor barbacoa de Texcoco. 

Explicó que conoce muchos lugares, que todos son amigos y paisanos y que, para él, la verdadera experiencia está en comerla “a pie de horno”, recién salida del proceso de cocción.

Entre el olor de la barbacoa, las tortillas azules, los escamoles y el consomé, el Senado tuvo por un rato otro ritmo.

Y mientras los reporteros terminaban sus tacos, la voz del anfitrión volvía a escucharse entre risas:

— Salsa. Salsa. Salsa.